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  • fhuezo

¿Es Nuestro Ayuno una Banquete?

La semana pasada aprendimos por qué ayunamos. ¿Quieren saber qué sucede cuando ayunamos por las razones correctas?


Te humilló, haciéndote pasar hambre y alimentándote con maná, que ni tú ni tus antepasados habían conocido, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor.

Deuteronomio 8:3 (NVI)


Dios es tan extraordinario que todo lo que hace está lleno de propósito y significado. En el versículo anterior, aprendimos que los israelitas recibieron maná (pan del cielo) para sobrevivir su tiempo en el desierto Y aprender a ser humildes y a depender totalmente de Dios.


Para el incrédulo, tal lección puede parecer innecesaria o egoísta, pero para los creyentes en nuestro buen Padre Celestial, esta lección debería darnos tranquilidad y hacernos sentir amados. La humanidad es peculiar. Cuando pensamos que no necesitamos a Dios, siempre nos alejamos de Él. Eso, amigos míos, no sólo es una tontería sino también es orgullo.


El orgullo es peligroso. Es por lo que satanás fue expulsado del cielo y la raíz de actos terribles a lo largo de la historia humana. El hambre física es una de las formas más rápidas de ayudarnos a deshacernos del orgullo. Una vez que sabemos eso, tiene sentido que Dios use el hambre para humillar a su pueblo. Al proporcionarles maná, el pan del cielo, Dios les dio algo perfecto para sustentarlos y algo diferente a todo lo que habían conocido y que no podían duplicar. Como solo Dios podía dárselo, tenían que depender de Él.


El maná los mantuvo sanos y fuertes. Nadie murió de desnutrición o enfermedades conocidas en las regiones donde Israel viajó en el desierto. El mana era versátil. Podian cocinarlo de diferentes maneras. Podían comerlo a sus anchas durante todo el día. Podían recoger tanto maná como fuera necesario, pero no podían almacenarlo para el día siguiente. Tuvieron que aprender a depender de Dios diariamente. El maná era milagroso.


Cuando ayunamos por las razones correctas, nos humillamos ante Dios y declaramos nuestra dependencia de Él. Buscamos sobrevivir no de pan sino de lo que sale de la boca de Dios, y nuestro Dios fiel nos envía maná espiritual para sustentarnos. Nuestro ayuno se convierte en una fiesta de su presencia.


En la presencia de Dios, hay gozo. En Su presencia, hay sanidad para nuestras almas y nuestros cuerpos. No hay necesidad de hacer una guerra espiritual en Su presencia, porque ningún diablo se atreve a actuar en la presencia de Dios. Encontramos respuestas a nuestras preguntas y libertad de nuestra esclavitud en Él. Mis amigos, oro con todo mi corazón para que de ahora en adelante, nuestras temporadas de ayuno se conviertan en banquetes en la presencia de Dios.




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